9/15/2012

cadena nacional, perón y los perros




Corren ríos de tinta, se gastan litros de saliva y suceden horas de tele despotricando sobre la utilización secuenciada de la cadena nacional por parte de la Presidenta que, se dice, hasta ha osado interrumpir el prime time televisivo para informar sobre la marcha de los acontecimientos nacionales. Apenas eso.

El derecho a comunicar de la Presidenta es obviamente indiscutible y el hacerlo por cadena nacional, un atributo que le corresponde no sólo por su investidura, sino y fundamentalmente por las condiciones de la coyuntura política nacional que no son extrañas para nadie, modelada por el cerco mediático al que es sometida la palabra presidencial y en particular la opacidad explícita que le asignan los medios opositores a la comunicación de la gestión de gobierno.

No es novedad esta circunstancia de cerrojo y distorsión informativa que resiste el Gobierno nacional, es muy común en la historia del peronismo.
Ya el General Perón advertía en el año 1947 cuando la oposición de los medios tradicionales contra su gobierno era tan tenaz como intensa:

“Me he de tomar el trabajo de ser yo mismo quién informe a la opinión pública.
”Yo no he de olvidar jamás una lección que recibí cuando aún era niño.
”Discutía yo con una persona mayor sobre la veracidad de cierta afirmación por haberla leído en un diario. Esa persona tenía un perro al que llamaba León. ‘Mire, amigo’, me dijo, y dirigiéndose al perro lo llamó: ‘León, León, León’. Y el perro vino. ‘¿Ha visto?, me dijo. ‘Le digo León y viene; pero no es León, es perro’...

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